
Mira, entiendo tu posición de hombre de hogar, de abnegación por los tuyos y tu terrible miedo a la desgracia familiar. Te entiendo.
Ahora que soy la cita oculta, la sequedad de palabras, la idea vergonzosa que te acompaña solo hasta la puerta de tu casa. Ahora que la canción tiene otro ritmo, que se acompasa más lento. Ahora, que dices que te visito menos, casi nunca, para mostrarte nada más que un nuevo boceto difícil de trazar; una nueva línea para tu verso sin servilletas ni plumas cerca de ti...
No se si me conformaré así... recuerda que siempre huí, siempre huímos...



